Mi acercamiento a otro escritor que marcó mi vida, que marcó mi camino.
Hoy, más que ayer y menos que mañana, vuelvo a estar aquí, pegado a mi última herramienta tecnológica, inyectado por obligación a mi vida, todo por imposición, puesto si por mi fuera seguiría con mis hojas, con mi pluma, hasta acabar con dolor en mi mano derecha y más aún en mis dedos, pulgar, índice y medio, el día de ayer fue un día de lectura, un día de reflexión, un día de esos que necesitamos todos los seres humanos, un día maravilloso en el que te refugias en ti mismo para encontrar ese equilibrio que todos necesitamos puesto sino, con el tiempo, nos encontraremos con alguna sorpresa no deseada, desequilibrio, depresión, autoestima por los suelos, etc etc...
Ayer empece a releer unos escritos que tenía de hace años, y de todos ellos me encontré con unos escritos del maestro, Henry David Thoreau (1817-1862) hace ya muchos años, (joder!!!!!! aquí me doy cuenta de lo mayor que me estoy haciendo), en su día fue uno de mis mejores compañeros de viaje, por esta tierra, llamada Mundo.
Por favor, todos aquellos que tengan dudas de sí se puede un bien común, todos aquellos que tienen inquietudes, dudas en su cabeza, deben leer obligatoriamente "Cartas a un buscador de sí mismo”, este libro para mi persona ha sido un auténtico regalo. La correspondencia que cruzó Thoreau con su amigo Harrison G. O. Blake, un aprendiz de la autenticidad, fue una verdadera lección de vida para éste y continúa siéndolo para todos aquellos que no se conformen, que quieran ir más allá de los convencionalismos, que deseen crecer por sí mismos. Pensamientos, reflexiones, consejos, aire fresco, mucho aire fresco, hay en este libro tan iluminador, tan lúcido, tan sabio, que me hace reírme de todos esos manuales de autoayuda que en la mayoría de los casos no son más que construcciones hechas a la medida del sistema, que enseñan a sobrevivir en él sin apenas cuestionarlo.
Para un servidor, este libro, que reconozco no lo he leído entero, todo fue releído puesto me acuerdo como sí fuera ayer, que me lo presto un amigo en Madrid, y lo tenía tan bien subrayado a lápiz rojo, que sólo desplace mis ojos sobre esas líneas rojas tan rectas que pacerían dibujadas con escuadra y cartabón, en los bordes tenía escrito sus pequeñas reflexiones, quiero confesarme que uno de los motivos por el cual escribo reflexiones personales, y creo es necesario, es por esas fantásticas reflexiones que mi ser, percibió de mi gran amigo Federico Lima, ¿ahora podemos sentir un poco más lo que es la admiración, por algo, o alguien?
Sinceramente, creo me sería imposible reflejar en un artículo tantos aprendizajes, si me centro en mi último acercamiento a él, “Cartas a un buscador de sí mismo”, me inclino ante su valentía, ante su increíble mirada, tan adelantado a su época, ante la empatía con el amigo, ante su sentido del humor, que lo tiene, y mucho, ante párrafos tan poéticos y bellísimos como el siguiente:
“Debe haber valor y heroicidad en nuestro amor, como en las mañanas invernales”.
"Cuanto más elevada es la montaña en la que estás, menores serán los cambios de perspectiva año tras año, siglo tras siglo, y a partir de cierta altura, ya no hay cambio."
"La naturaleza aborrece la repetición."
"No deje pasar ninguna oportunidad de sentirse melancólico."
"No hay nadie que no se engañe cada hora en el respeto que concede a las falsas apariencias."
"En aquello que más le importe, no piense que dispone de compañeros de viaje. Dese cuenta de que está solo en el mundo."
"A mi parecer, estamos siempre al borde de un precipicio."
Entre las muchas imágenes e ideas que me han impactado de este libro, elijo una: el retrato que hace de Walt Whitman, un poeta por el que también siento devoción y al que me reencontré, al azar, cuando volví a ver la película “El club de los poetas muertos”.
“Los hombres y los jóvenes aprenden todo tipo de oficios, pero no cómo convertirse en hombres. Aprenden a levantar casas, pero no están bien alojados, no son felices en sus casas, como lo es una marmota en su hoyo. ¿De qué vale una casa si no dispones de un planeta decente donde levantarla, si no soportas el planeta en el que está?”, leo a Thoreau, quien se pregunta: “¿Cuándo comenzaron los hombres a respetar las apariencias?”, y alienta en todo momento al amigo a quien dirige sus cartas a “colgarse a la espalda la mochila del cultivador de Alturas”. “Aférrese a su sueño más indefinido y esquivo”, le pide. “Calentemos el espíritu, realizando acciones nobles, no buscando innoblemente el aplauso y la admiración de aquellos que son mejores que nosotros”.
Un servidor, cuando lee esto, se emociona, un servidor se llena el pecho y dice al mundo, sí señor, ¿Es tan difícil?, aunque tengas la cartera llena, ser Humilde. Esto me lo removió mi cari, muy recientemente.
¿ Te crees capaz de conseguirlo?
En mis recuerdos más íntimos, cuando empiezo a escribir, a releer textos antiguos, me aparecen otros pequeños relatos o textos reflexivos, que en su día plasme en aquellas hojas que almacenaba en carpetas, me acorde de "Walden. La vida en los bosques” y me pareció tan reveladora, tan a contracorriente, tan pegada a lo que yo, aún calladamente, (el que dirán, ya sabéis) pensaba de la realidad, del mundo, de la sociedad (cuyas falsedades e imposturas ya empezaban a oler como el pedo de una mofeta) que, desde entonces, no sólo ha sido una presencia, más o menos constante, en mi trayecto, sino una influencia decisiva, muy intensa, muy interiorizada, en mi manera de mirar, pero también de soñar, de anhelar, de relacionarme con los demás.
Es de esos libros, que los lectores sabemos que siempre ha estado ahí, pero en los últimos años he regresado a él de una manera más consciente. A raíz de empezar a releer textos, a partir de ese momento, de su relectura, me he interesado por sus otros escritos, entre los que hoy adquiere especial significado "Desobediencia civil”, el más conocido de sus ensayos reivindicativos, pero no el único en esa dirección. Me alegra saber que se sigue editando, que siga llegando a nuevas generaciones de lectores, necesario en nuestras librerías, yo reconozco no lo tengo puesto lo analice en su momento, y tengo diferentes reflexiones de sus letras, pero la verdad es que me llena de felicidad saber que todavía podré seguir releyendo e incluso tertuliando con otras personas que lo leen en esta época por primera vez, las visiones serán completamente distintas y eso es una de las sensaciones tan hermosas que deja este libro, apasiona por las causas y cosas que defendió, tan semejantes a las que ahora yo y tantos otros defendemos, aprendiendo de su mano a cultivar el pensamiento propio, incontaminado, ese que pueden existir disputas múltiples, entre unos y los otros, pero que siempre albergara el respeto, si, el respeto al que tienes delante rebatiéndote algo que no estas del todo de acuerdo, ese que aunque se te ponga la vena de la yugular a milímetros de la explosión, seguimos manteniendo el respeto a esa persona que nos escucha en otras ocasiones, esa que nos respeta a nosotros cuando hablamos, ¿Es tan difícil?
Unos dirán, ufff, filósofo loco, y un sinfín de adjetivos descalificativos, leerlo, leer esos escritos de este gran filósofo, y luego, opináis.
Que uno de los grandes errores comunes de la humanidad es el suponer antes que leer o hacerte una pregunta para interesarte del tema en cuestión, ¿Tan difícil?... Jijijijiji...
¿Cuántos Thoreau harían falta hoy? ¿Cuántos filósofos, creadores, hombres y mujeres tan libres como Thoreau, necesitaríamos ahora para contagiar las ideas de cambio hacia un mundo mejor, para seguir avanzando sin miedo? El temor es una de las peores emociones que tenemos en nuestro ser, cuidado, es contagioso y contaminante.
Volviendo a Thoreau, yo lo tengo claro: cualquiera de los títulos de este hombre considerado en su época una especie de iluminado, un asocial por no seguir el juego del arribismo, de los círculos de poder, y preferir acometer empresas como la de construirse un refugio en el bosque, vivir allí durante más de dos años e ir anotando en un cuaderno impresiones como ésta.
“Cuando estamos sin prisa y somos prudentes, percibimos que solo las cosas grandes y dignas tienen una existencia permanente y absoluta; que los temorcillos y los placeres despreciables no son sino la sombra de la realidad…”
O ésta otra: “Acumulando propiedad para nosotros o nuestra posteridad, fundando una familia o hacienda, o hasta adquiriendo fama, somos mortales; pero cuando tratamos con la verdad, somos inmortales y no debemos temer ningún cambio o accidente”. Pues sinceramente, me da mucho que pensar. ¿Tan raro es?
Me acuerdo, que en su momento, cuando leí unas letras de este maestro, sobre la libertad de las personas, yo escribi uno de mis primeros textos, que decían así;
"Jamás podemos obligar a una mujer a no ser libre, las mujeres como los hombres debemos ser libres, necesitamos salir de al lado de nuestras parejas, de al lado de nuestras madres, o familiares, necesitamos ese espacio de separación para compartir, otro tipo de emociones, con otros seres humanos y así poder conocernos a nosotros mismos."
Y hoy podría acabarlo un poco más;
"Que es eso de la mujer siempre en casa, mi mujer sale y entra cuando quiere, que es eso que la mujer siempre a la compra, un humilde servidor suele ir a buscar la verdura, que es eso de la mujer siempre a la cocina, yo hago las verduras en mi casa, incluso Marmitako, yo suelo limpiar los cristales de casa, Y, ella hace otras cosas, Y?. "
¿Es tan difícil? Parece que si.
Kepa.


