sábado, 5 de abril de 2014

La Bondad.



¿Dónde resiste la bondad a estas alturas de la historia? 
Me refiero a la historia real que experimentamos todos los días, no a la historia ideal que se recoge en los discursos oficiales y en las grandes obras póstumas. Me refiero también al modo en el que la cultura vincula la historia soñada con las exigencias del orden social con el que convivimos realmente. En cierta medida, nos conformamos con la idea de que las sociedades de la antigüedad, con las que pensamos sin ningún vestigio de humildad que ya nada tenemos en común, vivieron su tiempo enfrascadas en la imaginación, en la mitología y en la religión, mientras que en las sociedades modernas, a las que estamos atados, se vive a través del derecho y la economía política.

Esta última concepción es una forma optimista de resumir, de un único sesgo, el sentimiento de progreso, el hecho de poseer confianza para prosperar en el futuro como principio absoluto con el que, además, se protege la hegemonía del modelo democrático y se nos da forma intelectualmente. Sin embargo, la violencia estructural que supura de entre las costuras de dicho modelo continúa estando en pleno centro de las cuestiones que dominan al presente. Para encontrar bondad de entre tanta agresión no queda otra posibilidad que recurrir a la crítica.

Y aquí estoy yo, un humilde crítico que en la mayoría de sus letras lo único que encontrará es menosprecios y faltas de respeto, cuando lo único que consiguen la mayoría de mi es que sea más crítico y al final parece que estoy siendo agresivo. 

 A la gente le faltan muchos valores que nuestros antepasados, ya muchos no se acuerdan, mantenían y si quiero puedo decir que hasta luchaban por no perderlos. 

Señores, seamos más cordiales, seamos más humanos, es gratis. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario