miércoles, 21 de mayo de 2014

Mi lucha por las lenguas extintas.

El olvido de la lengua de Urartu. Una pequeña investigación de la Lengua de Urartu. 


Con la desaparición del Imperio Asirio a fines del siglo Vil a.C. nos encontramos ante un vacío de fuentes casi total en lo que respecta a Urartu. Para las nuevas fuerzas hegemónicas, medos y neobabilonios, las montañas del Norte estaban demasiado alejadas del centro de poder como para ser fuente de problemas. Tan sólo las campañas babilonias que trataremos más adelante se ocupan de estas tierras.
Tras un vacío de un siglo largo aparece ante nosotros, merced a la obra de Heródoto, una organización política totalmente distinta. Comenzando por la propia estructuración del territorio y terminando por los nombres de los pueblos que lo ocupan. En lo referente a la organización política, nos encontramos en la obra del autor griego con la división en satrapías bajo el poder persa. En lo referente a los pobladores, nos encontramos con una población mayoritariamente de origen armenio y otras de menor importancia cuyos nombres no recuerdan para nada el de Urartu. No hay constancia del menor recuerdo sobre el pasado esplendor de la región. Tampoco Jenofonte escribe nada sobre Urartu aunque atraviesa el territorio al mando de los «10.000». Sólo hallamos descripciones de los carduces, armenios y «Caldeos»,  que parecen sólidamente instalados en sus tierras.
La expansión del cristianismo en el Altiplano Anatolio y la potencia del reino armenio en nuestra era provocan dos acontecimientos confluentes: La necesidad de justificar históricamente la grandeza de los orígenes armenios y el misterio de la existencia de restos como canales y fortalezas conocidas desde tiempo inmemorial al que la tradición buscó explicaciones legenda- rias. Con estas tradiciones locales y con la Biblia como obra histórica básica, Moisés de Khorene (Jorene) escribió un compendio de la historia Armenia desde el Diluvio hasta su época. El autor encontró a quién adscribir todas las grandes construcciones: Semíramis, la reina asirla que, según Moisés de Jorene, era una princesa armenia. De hecho, aún hoy se conoce un canal urarteo en uso llamado tradicionalmente «Canal de Semíramis».

Así pues, la única huella del nombre de Urartu se encuentra en el volcán emblemático de Armenia: el Ararat. Podemos aventurar sin temor a equivocarnos que el bíblico monte que contiene las consonantes Hwrrt, es un reflejo en las lejanas tierras de Israel (con una lengua semita y, por tanto, sin vocalización clara) de una tierra conocida con ese nombre cuando se escribe el relato bíblico.
Como se puede ver, el recuerdo de Urartu se limita a una palabra alterada en el libro sagrado de un pueblo que no tuvo relaciones importantes con el reino montañés. Ni el lenguaje, ni los nombres de los reyes, ni siquiera la conciencia de la existencia de un gran reino dejaron la menor huella en la memoria del Mundo.

RECUPERACIÓN del PASADO

Durante el siglo pasado, y coincidiendo con el interés por todo lo exótico y particularmente por todo lo oriental, la Sociedad Asiática Francesa envió a F. E. Schultz en 1827 para investigar los restos de las obras de la reina Semíramis reflejadas en el libro de Moisés de Jorene. Schultz investiga en la ciudad de Van y pronto se interesa por unas inscripciones cuneiformes en la roca sobre la que se asienta la fortaleza de esta ciudad. Su muerte a manos de los kurdos en 1829 interrumpió sus trabajos, publicados en 1840 por Mollet. Esta publicación es posterior a la de Rawlinson sobre las inscripciones de Van publicada en 1838, y a la de Mühlbach y Moltke sobre una inscripción de Izoglu en 1840. En 1850 Layard visitó Van y estudió durante algún tiempo las inscripciones de su ciudadela. Tras Layard visitaron Van muchos otros estudiosos y viajeros occidentales.
Tras los estudios de Rawlinson se descubrió que las inscripciones de Van estaban escritas en una lengua desconocida que Hicks trató de descifrar en 1848 sin éxito.
Los descubrimientos en el Transcaucaso y en Turquía de nuevas inscripciones ampliaron el interés de muchos eruditos por su desciframiento. Así aparecieron teorías que trataban de de- mostrar que las inscripciones estaban escritas en armenio, georgiano, o una lengua semítica afín al asirlo.
Guyard en 1880  avanzó en el desciframiento del urarteo al descubrir una serie de fórmulas de maldición con su equivalente asirlo. Siguiendo a Guyard, Sayce trató de traducir las inscrip- ciones existentes y publica las mismas en 1882.
Hasta nuestro siglo, el interés por Urartu se reducía a las inscripciones y su desciframiento.

Gracias a la I Guerra Mundial, sin embargo, conocemos algo más. Entre 1915 y 1917 varios estudiosos rusos visitan Van, conquistada por las tropas rusas a los turcos. De estas visitas destaca la del académico Orbeli, que junto a Marr realizó una excavación en la falda de la ciudadela de Van, los cuales ponen las bases de la «urartología» rusa y, tras la revolución, de la soviética.
Tras la Primera Guerra Mundial renace el interés en occidente por Urartu gracias a Lehmann- Haupt que, ayudado por Bclk, realiza el corpus de inscripciones urarteas (CICh) cuyo primer tomo se publica en 1928 y el segundo en 1935. Se trata de calcos y fotografías, así como de las transcripciones.
También en 1928, la Academia de ciencias de Heidelberg publicó la traducción de M. Tseretheli de los anales de Sardur, y en 1936 se publica una gramática urartea del mismo autor en la «Revue d'Assyrologie» de París. Otros autores como Götze, Meshkaninov, Friedrich, Speiser y Kapantsian también realizan publicaciones. 
Tras la Segunda Guerra Mundial, con el descubri- miento de Kamir-Blur y de Arin-Berd en la Armenia soviética, salieron a la luz en estos yaci- mientos nuevas inscripciones que alumbraron puntos oscuros de la historia de Urartu. El desarrollo de la arqueología soviética y ciertos intereses políticos llevaron, en la segunda mitad del siglo, a una auténtica explosión de las excavaciones en Armenia, Azerbaijan y Georgia, muchas veces con el exclusivo interés de «demostrar» la existencia de centros urarteos en las respectivas repúblicas por interés nacionalista.
 Finalmente, las inscripciones urarteas fueron compiladas en un corpus por Melikishvili, que publicó entre 1953 y 1954 una recopilación de todas las fuentes urarteas con su traducción al ruso. König, por su parte realizó en 1955 una obra similar. Por su serie de obras sobre Urartu Melikishvili recibió en 1957 el premio Lenin, iniciando un renacimiento que se refleja en las revistas históricas. Entre ellas destaca V.D.L (Vestnik Drevnej Istorii). En 1963 Diakonov realizó una recopilación de las escasas cartas y documentos urarteos conser- vados.
En la parte actualmente adscrita a Turquía del antiguo territorio de Urartu, investigaciones han sido menos sistemáticas y de una amplitud menor que en la zona soviética. Las causas son variadas, destacando la riqueza arqueológica del país y su escaso presupuesto más orientado a las ciudades helenísticas de la costa y a los yacimientos hititas de Anatolia. Por otra parte, las misiones occidentales no pueden competir con las soviéticas que trabajan en su propio país y con arqueólogos locales, mientras que los investigadores europeos y americanos deben moverse en un ámbito extraño y más costoso, por lo que no pueden tener un conocimiento general de la zona.
En Toprakh-Kale se realizaron excavaciones desde 1879 por parte del cónsul inglés Clayton y del misionero americano Reynolds, continuadas por Ormuz Rassam en 1880. Las excavaciones y sus resultados se publicarían totalmente en una fecha tan tardía como 1950 por Bamett. Entre 1898 y 1899 los alemanes Lehmann-Haupt y Belk recorrieron también todo el Altiplano Armenio catalogando los restos arqueológicos encontrados. También Orbeli excavó en Toprakh-Kale entre 1911-1912. En 1938 una expedición americana realizó otra excavación de escasa entidad en el mismo yacimiento.

En los últimos tiempos sólo la misión alemana en Bastam dirigida por Wolfgang Kleiss ha realizado un estudio sistemático y continuado del yacimiento situado en Irán.
Actualmente la crisis económico-polftico-militar de la recién nacida República de Armenia. La situación de guerra entre el RK.K. y el ejército turco en la zona de Van y adyacentes, así como el estancamiento en todos los campos del Irán revolucionario han repercutido en la paralización de las excavaciones y en la falta de publicaciones sobre cualquier campo de la «urartología» desde los años ochenta.

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